
En contra de los deseos de Eva, su madre quiere reformar la casa y deshacerse del gato, que, desorientado desde el divorcio, orina por todas partes. Eva quiere irse a vivir con su padre, quien, desorientado como el gato, vive una segunda adolescencia. (FILMAFFINITY)
Análisis de la película costarricense “Tengo Sueños Eléctricos”, elaborado por la Psicóloga Alicia Paniagua, con aportes de los (as) integrantes del Club de Cine Psicólogos Cinéfilos
Una familia conformada por una niña, Sol, una adolescente Eva, una madre y un padre, la cual se desintegra aparentemente porque la madre recibe una herencia de una tía que nadie conoce, este pareciera ser el detonante, llegan cosas nuevas, se deshecha lo que no sirve.

La protagonista, Eva, una adolescente de 16 años, en esa edad en que se busca la identidad, queriendo ser todo, se le visualiza como una joven con poco acompañamiento de sus padres, una madre que la cataloga como “Insoportable”, “Invivible”, y un padre el cual carece de límites, traspasa lo establecido, no se logra percatar de que su hija es una adolescente.

Martín se percibe como una persona que va por la vida “inocentemente” sin poner atención a las cosas, saltándose los límites que la misma sociedad establece, ejemplo de ello: cruzar la calle con su hija adolescente sin considerar esquinas, semáforos, y que esta exposición al peligro les genere diversión a ambos, fomentar que su hija adolescente fume, tome, no respetar los límites hacia la desnudez de una joven, dejarla sola en varias oportunidades con personas muy similares en cuanto a esa dificultad de establecer límites, como es el caso de Palomo, quién tiene relaciones sexuales con Eva.

En Martín se refleja poca conciencia en este tema, pareciera él, el adolescente distraído, que anda en búsqueda de identidad y que de pronto aterriza, tal es el caso de la visita que hace donde Sandra, y lo recibe el esposo de esta. Y Eva con un rol de adulta, vistiendo con trajes que le quedan grandes, porque parece necesitar aparentar lo que se le asigna, ser la adulta.
Diego, personaje que aparece poco, parece ser la única persona consciente de que Eva no es una adulta, el único que la cuestiona cuando pide un cigarrillo, una cerveza y que se percata de que es tarde para que ella se quede sola o viaje sola.
De la madre, una mujer que cree interpretar lo que sueñan otros, pero que se le dificulta interpretar y entender los comportamientos de su hija adolescente.
Se visualiza la dificultad de hablar, se lleva a los límites, no se habla, pero se reacciona con violencia, con golpes, gritos, palabras grotescas, jalonazos de cabello; cuando algo que se hace o se dice no gusta. Pareciera que trata en los pocos fragmentos de escritura que con dificultad y sin terminarlos hace Martín.
Parece que Martín logra aterrizar de nuevo y percatarse de que su hija no es aun una adulta, en la escena donde llega a la casa después de comprar “el alimento” para el gato (compra una bolsa de arena) y se percata que algo pasa entre Palomo y ella, sin embargo, no logran ponerlo en palabras, se auto castiga cortándose el dedo con el cuchillo, un “accidente”. Cuando está con la doctora se percata de que su hija Eva no es como la doctora, la compara con su hija en edad, pero luego reacciona y dice que su hija es menor.
Parece ser que ante este incidente, Martín logra poner algunos límites a su hija, por ejemplo que no le toque la barba, que se abotone la blusa, le puede decir que no va a vivir con él.
Una familia con muchas dificultades en cuando a poner en palabras lo que molesta, lo que se necesita, lo que genera duda, podría intervenirse en cuando a qué es lo que genera tanto enojo, en las dificultades para utilizar las palabras, en la razón de la comodidad de utilizar la violencia, es esquivar responsabilidades y “hacersen los tontos” con respecto a la necesidad de poner límites, de respetar límites.
