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Film Tar (2022)

Y tú eres un robot. Por desgracia, quienes moldean tu alma parecen ser las redes sociales. Si quieres enmascararte y bailar, toca la música del compositor. Debes sublimarte a ti mismo, a tu ego, y a tu identidad. De hecho, debes pararte ante el público y ante Dios y anularte como individuo.

Análisis de la película  Tar”, elaborado por la Psicóloga Sandy García, con aportes de los (as) integrantes del Club de Cine Psicólogos Cinéfilos

Tar, dirigida por el director Todd Field y protagonizada con una de las mejores  actuaciones del año 2022 por Kate Blanchett. Es una película que inherentemente trata sobre el poder, las formas de ejercerlo y abusar de él.

Tar es una película que deslumbró en muchos sentidos, desde una dirección meticulosa con mucho coraje, hasta los diálogos con argumentos intelectuales y contundentes, sin miedo en la estructura de cada línea, esto le permitió a Field dirigir sin ningún tipo de coacción social, musical o psicológica.

Es una película que no le interesa establecer en su narrativa ningún tipo de alianza para obtener la aprobación de un público fraccionado por sus creencias políticas, religiosas y sociales.

El director en su trabajo de dirección quiso dejar claro que su interés es representar la realidad del comportamiento humano, independientemente de la globalidad de los espectadores o de aquellos que a través de marchas defienden con compromiso la lucha de comunidades que por años han sufrido el estrago de la injusticia social, enfrentarse a esto como director es valentía, nos deja claro que no le interesa establecer amistad con nadie.

Por ejemplo: el movimiento feminista probablemente no lograron empatizar con un personaje {mujer} que defiende y reproduce los cánones clásicos del poder que históricamente han sido ejercidos por hombres y que por ende colocan a las mujeres en un escenario totalmente desventajoso.

Un personaje que probablemente lo sabía, porque en la entrevista del New Yorker ella le dice al entrevistador,

–Pero en cuanto a la discriminación de género, no tengo motivos para quejarme.

Tal vez no sintió los efectos de la discriminación por ser mujer porque no estaba reproduciendo sus movimientos desde lo femenino, es decir una mujer siendo hombre. Con lo cual no es culpable.

¿Qué la habrá llevado a hacer esa interpretación de la posición que debía adoptar en el sistema de trabajo al que pertenecía? ¿Una forma de sobrevivir a un sistema donde lo femenino muy poco lugar ha tenido?

¿Como podrían empatizar el movimiento feminista cuando encuentran un dialogo como este?

Escena de Lidia y la estudiante en el restaurante:

Lidia–Es una especie de tradición tonta traer a qui a los nuevos miembros aquí a cenar con los fantasmas del pasado

Lidia–En algún momento todo el mundo  de Napoleón a  Beethoven cenaron en una de estas mesas en algún momento

Estudiante–Sí y Clara Zetkin, me pregunto en cuál.

Lidia – ¿Quién es? ¿Es una musico?

Estudiante–Fue cofundadora del movimiento alemán de mujeres social demócratas y del partido comunista y cuando hitler llegó al poder la exiliaron a la Unión Soviética.

Lidia –¿Clara Zetkin?

Estudiante –Sí, cada 8 de marzo ponemos flores en su placa

Lidia – ¿Su cumpleaños?

Estudiante –Noooo, el día internacional de la mujer (risas)

Ahora bien, pensemos en los que sin saber o bien si saben son simpatizantes de machismo, por mucho estarían en desacuerdo con un personaje mujer que ha brillado, destacado por su audacia, inteligencia y autonomía a la hora de ejecutar la música, es decir, la MUSICA, arte que por muchos siglos a sido dominado por HOMBRES. 

¿Cómo perdonarle al personaje el arrastre de un colega  HOMBRE, que descaradamente por su mediocridad le solicita las obras musicales a Lidia, una mujer?

Escena de Lidia y Caplan

Caplan–Tal vez dirija como invitado

Lidia –Deberian de sentirse honrados

Caplan – Ay por favor, conozco mi lugar, no siempre puedes comprar todo con dinero.

Lidia–Lo dices pero no lo crees

Caplan –Te informo que traté de sornar a Francesca para que me dejara ver tu notación y me mandó a volar.

Lidia –Bien hecho.

Caplan ­–¿A qué hora te vas mañana?

Lidia – Francesca está buscando vuelos

Caplan – Pues dile que no, vete cuando quieras.

Lidia –No tienes que hacer esto.

Caplan –Mi motivos no son necesariamente altruista, solo un vistazo, un vistazo a tu partitura

Lidia – Risas Caplan –Bien

¿Qué pudo haber provocado esta escena en esa población masculina que no concibe la idea de que una mujer supere las supuestas habilidades que solo los hombres deberían dominar? Muy probablemente el patetismo de Caplan les erizó la piel.

Y por último, tendríamos a los grupos generacionales que le han apostado a detectar, denunciar y erradicar códigos en el comportamiento social que por décadas se han reproducido con el fin de beneficirse de una persona o de un sistema dejando a otros en un estado de vulnerabilidad inaceptable y ellxs saliendo ilesos de cualquier tipo de sanción.

¿Cómo estas generaciones aplaudirían el trabajo de este director que no le interesa dejar claro mediante explicaciones innecesarias los abusos de poder de Lidia? Es decir si estaba bien o mal lo que hacía, porque su interés no es juzgar el personaje sino representarlo.

Por otra parte la lectura que hace Lidia de las nuevas generaciones es sarcástica y reprobativa al considerar que se sus reformas, creencias y posiciones sociales o políticas las construyen en las redes sociales.

Lidia y Max

Lydia Tár: Por ejemplo, Max, ¿por qué no un Kyrie? Algo como Misa en si menor de Bach.
Max: No me gusta Bach.
Lydia Tár: ¿No te gusta? Max. ¿Has leído el libro sobre él de Schweitzer?
Max: No.
Lydia Tár: Deberías, porque es una obra importante. Lo mismo pensaba Antonia Brico. Tanto que viajó hasta el África Ecuatorial y navegó el río Congo en busca de Schweitzer para pedirle que le enseñara lo que sabía de Bach. En algún lado guardo una foto de ella con un sombrero salacot.

Lydia Tár: ¿Alguna vez has interpretado o dirigido algo de Bach?
Max: Como persona BIPOC y pangénero, la vida misógina de Bach hace que me sea imposible tomar su música en serio.
Lydia Tár: Explícame a qué te refieres con eso.
Max: ¿No engendró unos 20 niños?
Lydia Tár: Sí, eso está documentado. Además de una cantidad considerable de música. Lo siento, pero no entiendo qué relación hay entre sus proezas sexuales y la Si menor. En fin. Esa es tu decisión. Al fin y al cabo «un alma elige a su propia sociedad». Lo malo de una decisión como esa es que no te deja ver otras cosas.

Lydia Tár: Por supuesto, aislar lo que es aceptable y lo que no es el constructo básico de la mayoría de las orquestas sinfónicas de hoy, que se creen con el derecho de elegir en nombre de los ignorantes. Pero, aunque poco sólida, la aversión de Max merece ser analizada. ¿Puede la música clásica, compuesta por un montón de blancos religiosos y austroalemanes, exaltarnos individual y colectivamente? ¿Y quién decide eso? ¿Qué tal Beethoven? ¿Les gusta? Porque para mí, una lesbiana intensa, el viejo Ludwig no me simpatiza tanto. Pero entonces lo confronto. Y me encuentro de frente con la magnitud de su obra y su inevitabilidad.

Lydia Tár: Frena tus ganas de sentirte ofendido. El narcisismo por las pequeñas diferencias conduce al conformismo más aburrido. Supongo que Edgard Varèse tiene razón. Me gusta su Arcana. Entonces debes saber que Varèse una vez afirmó que el jazz «era una producto de negros explotado por Judíos». Tampoco impidió que Jerry Goldsmith se robara su partitura de El Planeta de los simios. ¿No te parece eso el insulto perfecto? Pero, a ver, el problema al declararte un disidente epistémico ultrasónico es que si el talento de Bach puede reducirse a su género, país, religión, sexualidad y demás, el tuyo también. Algún día, Max, cuando salgas al mundo exterior y te inviten a dirigir una orquesta grande o pequeña, verás que los músicos tienen más que lamparillas y partituras en sus atriles. También se les entregan hojas de evaluación para que te evalúen. ¿Qué clase de criterio esperas que usen para evaluarte? ¿Cómo interpretas la partitura y usas la batuta? ¿O algo más?

Lydia Tár: Atención. Usando el criterio de Max, evaluemos lo que usó. En este caso, Anna Thorvaldsdóttir.¿Concordamos en dos características de ella? La primera, Anna nació en Islandia. Y la segunda, que ella podría ser descrita como una mujer supersexi. Levanten las manos. Ahora volvamos la mirada al piano al fondo y veamos si alguna de esas dos cosas coincide de alguna forma con la persona sentada ante nosotros. ¿Adónde vas?
Max: Eres una maldita perra.
Lydia Tár: Y tú eres un robot. Por desgracia, quienes moldean tu alma parecen ser las redes sociales. Si quieres enmascararte y bailar, toca la música del compositor. Debes sublimarte a ti mismo, a tu ego, y a tu identidad. De hecho, debes pararte ante el público y ante Dios y anularte como individuo.

Es posible que estos grupos menos radicales les hubiera gustado una sentencia cruel hacia el personaje, ¿Y por qué no lo harían?

Si es donde se mueve con mayor fuerza la cultura de la cancelación.

Es en esto donde consiste la genialidad en la dirección de Field porque su trabajo fue presentarnos por medio de Lidia el comportamiento humano crudo, con la textura de lo que verdaderamente es real en la intimidad de la humanidad, nos muestra un personaje tan humano que no lo lastima, ni lo castiga, no lo encasilla como bueno o malo, sin caer en esa definición infantil sobre la maldad donde los policías son los buenos y los ladrones son los malos.

Siempre fue Lidia Tar, nunca Lidia la abusadora, la infiel, la desconsiderada, la mala madre.

Que sencillez más hermosa para representar de una manera tan cercana el comportamiento que cualquier ser humano pudo adoptar en la posición de Lidia en un lugar de poder.

Esto provocó la tremenda hazaña del director para desarrollar un personajes inmune a la empatía del publico dejando al descubierto el pantano moral en que estamos todos los seres humanos.

La película es un poco ambigua con respecto a lo que sucedió entre Krista y Lydia Tár, aunque dan algunos indicios para que el público saque sus conclusiones, sobre todo conforme vamos conociendo el modus operandi de la directora de orquesta.

El poder

Otra apuesta muy bien lograda son las herramientas de poder que se reflejan en Lidia, y nos muestra que el poder en manos de quien sea sin importar el género en medidas desproporcionas puede desequilibrar a cualquiera.

Michel Foucault expuso ampliamente en su filosofía sobre el poder.

Pero antes de esto ¿Cuál es la definición clásica de poder?

Es simplemente el ejercicio del uso de la fuerza básicamente legítima.

Por ejemplo: el estado hace uso de este poder mediante leyes coercitivas que restringen, limitan y encasillan el accionar de los ciudadanos.

Desde esta definición se podría decir que el poder es jerárquico y que su dirección es de arriba hacia abajo, de una clase sobre otra, del estado sobre los ciudadanos.

Pero según Foucault, el poder es múltiple, y se ejerce en todas las direcciones de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba es móvil e inestable, en tanto es una lucha  o una disputa contante. Se ejercen alianzas y estrategias para garantizar cierto grado de estabilidad.

Pero según Foucault eso no dura mucho tiempo porque el poder no se posee, se trasmite, se hereda, el poder se ejerce porque el poder es una relación. Foucault dice toda relación es una relación de poder ya que el poder es asimétrico, ahí donde haya desigualdad, desequilibrio, asimetría habrá poder, como ninguna relación es igual o total entonces, toda relación tendrá que ser de poder.

Esta por lo tanto es omnipresente, está en  todos los campos de la sociedad.

El poder por lo tanto es intencional, busca determinados fines u objetivos a complementar.

Foucault plantea que donde haya poder habrá resistencia, porque la resistencia es la contracara del poder y por lo tanto es otra forma de ejercerlo. Entonces según define el poder este autor el poder no prohíbe, sino que posibilita determinadas prácticas, sujetos, saberes y placeres.

Mediante esta propuesta de Foucault tenemos la posibilidad de entender aún más a Lidia Tar, me refiero a entenderlo desde la visión del director no prejuiciosa o sentenciosa, es decir, comprender la naturaleza de todas las acciones cometidas por Lidia para luego empatizar con todas las líneas en las decisiones que guiaron su comportamiento en su carrera. Lidia un ser humano que tuvo la oportunidad de acceder al poder y que en punto perdió el control quedando “todo” al descubierto para luego ser sentenciada no desde el poder sino desde lo moral.

Es decir, a fin de cuentas al ser el poder una relación que nos da la posibilidad de actuar con libertad se podría decir que Lidia actúa desde su libertad, libertad que encontró en el poder.

Sin embargo esto no la exonera que en toda relación de poder habrá consecuencias que luego tendrán que ser evaluadas y asumirlas se quiera o no.

Lidia es un personaje clave para entender la propuesta de Foucault, todas las relaciones eran a partir del poder, por ejemplo la escena en la escuela con la compañera de su hija.

Donde es ella enfrentando a una niña de una manera violenta en el dialogo dejándole claro que no tiene que meterse con su hija, parece que en ningún momento se le ocurre que pueden ser en un primer plano y con el acompañamiento de los adultos enseñarles a los menores formas de defenderse y que luego de esto sino si no lo logran ahora sí, intervienen los adultos.

Y por último tenemos el señalamiento que le hace Sharon su pareja, le señala que ella ve  toda relación transaccional y nunca desde el amor, con los cual habría que ver que tanta verdad hay en eso, porque en varias escenas se ve una preocupación genuina de Lidia hacia ella.

Sobre el final de la película

El final de Tar es importante porque podemos de ver que Lidia quizás no siempre tuvo esa relación con el poder, ¿Qué representaba Alemania para ella? ¿Por qué la sinfónica de Berlín? ¿Algo de su historia y la historia de este país la conectaba con la búsqueda del poder?.

Fuera de este, en su pasado Lidia logró estar por mucho tiempo haciendo un estudio etnográfico en la Tribu Shipiba-Konibo en Perú y luego del despido de la sinfónica de Berlín logra volver a dirigir una orquesta menos impetuosa en un país asiático.

Y terminamos viendo a una Lidia con más calma.

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