
El amor es eterno mientras dura,
Jorge Luis Borges.
Ensayo de la película: “The Favourite”, elaborado por la Psicóloga Sandy García, con aportes de los integrantes del CLUB DE CINE del C.E.A.P.
Sinopsis
La Favorita dirigida por Yorgos Lathimos es una película de género histórico biográfico que sigue las maquinaciones políticas durante el reinado de Anne, la primera soberana de la Gran Bretaña y la última soberana británica de la casa de los Estuardo.
Olivia Colman como la reina Ana, soberbia e irreverente, Rachel Weisz como duquesa de Marlborough, audaz y experta en política, y Emma Stone como Abigail, un pariente lejano de Sarah quien llega a acomodar las piezas a su conveniencia para volver a sus raíces aristocráticas a costa de todo.
El poder, dice Lathimos, es la forma más descarnada del amor. Así las cosas, en esta pelea de dos mujeres feroces, una vinculada desde el amor y la otra total y absolutamente comprometida consigo misma, con el único objetivo de obtener el favor de una monarca indecisa, cándida y caprichosa.
Aunque sabemos que después de una pérdida así, el estado agudo de pena va aminorándose gradualmente, también nos damos cuenta de que continuaremos inconsolables y que nunca encontraremos con qué rellenar adecuadamente el hueco, pues aún en el caso de que llegara a cubrirse totalmente, se habría convertido en algo distinto. Así debe ser. Es el único modo de perpetuar los amores a los que no deseamos renunciar, Sigmund Freud.
ACTO I: ABIGAIL

La llegada de esta jovencita, apretujada con los plebeyos en aquel carruaje que lejos estaba de ser ostentoso, incomodada por la osadía de un hombre sin reservas para masturbarse ¿efecto de los encantos de Abigail? Ella exaltada y aturdida por lo que sucedía, esos ojos verdes asustados como Caperucita roja frente al lobo.
La primera huella en el palacio, la hace con la cara en el barro, y es así, como la “víctima de las desgracias” acentúa esa visita al reino imponente donde yacía una reina tempestuosa, esperando obtener misericordia de un familiar cuyos lazos filiales se sostenían únicamente en la palabra familia, sin convivencia, sin anécdotas, sin amor de por medio.
¿La desdicha la seguía acompañando? ¿La gracia parecía que se le escabullía a esta mujer?
Sus compañeras la presentan ante su prima, sucia, embarrilada y con moscas rondando su cabeza, convenientemente, así se le sumaron aquellos primeros puntos, de una apuesta gestada desde mucho antes, con movimientos sigilosos, muy bien calculados.
Posteriormente, sus manos sumergidas en la lejía otra “broma” de sus colegas, le ocasionan una quemadura, oportunidad que le permite presionar el botón de inicio del juego.
Al principio la película le genera al espectador un sentimiento de empatía para aquella que podría haber sido una víctima inmolada, no obstante, sería la oportunista, capacitada y experimentada en el tema, Abigail tenía un solo objetivo, recuperar su estatus aristocrático, sin filtros ni reservas. ¿Había algo de malo en eso? Acaso no era ya de la realeza y por una mala jugada de su padre, conoció lo que no debía conocer; prostitución, soldados sifilosos, pobreza y humillación, quizás no era ese el problema, sino que no le importaba el método para lograr lo que quería.
Tras perder todo y experimentar las penurias de la calle ¿convirtieron a Caperucita en una loba? ¿Dispuesta a devorarse a cualquiera a costa de todo?
Ahora bien, ¿qué habrá pasado con este papá que apostó a la hija? ¿un papá que también pensaba solo en el beneficio propio? será que de ahí Abigail le apuesta a todo, incluso a matar.
Paralelamente, nada se habla de la madre de esta mujer, parece borrada de la escena, una madre innombrable.
ACTO II: LADY SARAH

Una dama que desafiaba las posibilidades que tenían las mujeres para conocer de otros campos que le correspondían más que todo a los hombres, como la política, manejo del ejercito y estrategias de guerra.
Su rostro reflejaba seguridad y confianza, su mirada era capaz de poner de rodillas a cualquiera, una mujer audaz con experiencia en los manejos del reino.
Lady Sarah había construido su relación con la reina desde niña, acumularon recuerdos de sus experiencias en aquel vasto palacio, cabalgando en sus caballos por el bosque, en medio de su frescura, el encanto de sus colores y el sonido de los pájaros, fortalecieron esos lazos de confianza y lealtad.
Lady Sarah, detectaba las debilidades de la reina y era la que la rescataba de las situaciones que la abrumaban, se convirtió detrás del telón, en la verdadera reinante, sabía de estrategias, sabía colocar muy sus piezas, sus jugadas tenían en cuenta el mundo de pirañas en las que se movían. Había construido una fortaleza casi obligatoria para proteger a una reina que no podía reinar.
Casada con un hombre que casi no aparece en escena, ¿reflejando la farsa de su matrimonio?
ACTO III: LA REINA ANNE

Lathimos nos presenta a esta reina caprichosa, infantil e inadecuada. Padecía la enfermedad de la gota, es un tipo de artritis, ocurre cuando el ácido úrico se acumula en la sangre y causa inflamación en las articulaciones, es una afección dolorosa, se produce demasiado ácido úrico y el cuerpo tiene dificultad para deshacerse de todo lo que se acumula provocando heridas en la piel.
Anne parió como una coneja, 17 hijos en total, unos nacieron muertos, otros vivieron solo un poco y luego murieron. ¿Qué le pasaría a esta mujer que no logró conectar a la vida a ninguno de sus hijos? Obviamente, esta situación nos remite a la maternidad de la reina, que al parecer se le dificultó en extremo ser madre.
La teoría nos dice que antes de que un ser humano sea progenitor, su vida transcurre en un rol de hijo, cuando aparece el nacimiento de un nuevo ser, tiene que renunciar a ese papel para convertirse en padre o madre, aparece un duelo por resolver.
Posiblemente a la reina se le hizo dificilísimo renunciar a ser una niña o hija, no pudo asumirse como adulta, ¿le resultó muy doloroso la pérdida de la niñez?, ¿o sus padres no le dieron los recursos para enfrentarse a la cultura que le permite al sujeto asumirse, responsabilizase de sí mismo? ¿cómo podía asumir tal responsabilidad, cuando no podía ni con su propia vida? Una niña no puede criar a otros niños.
Asimismo, es importante notar que la enfermedad que se centra en sus piernas, es muy sintomática, en tanto, al involucrar este elemento con lo simbólico, tiene que ver con el crecimiento, las piernas ayudan al individuo a sostenerse solo, a caminar solo, al menos es eso lo que se espera, en el caso de la reina siempre necesitó de Lady Sarah para sostenerse literalmente.
Ahora bien, ¿qué hizo con tanto dolor? ¿lo forcluyó? ¿hizo como si nada hubiera pasado? ¿remitió este dolor a su cuerpo con la enfermedad de la gota? ¿El ácido úrico acumulado será el equivalente a ese dolor que no pudo ser registrado? ¿Serán esas heridas abiertas que nunca sanaron?, ¿por eso necesitó sustituir a sus hijos con 17 conejos?
ACTO IV: UNA TRIADA

La reina y lady Sarah habían establecido una relación de años, amigas de infancia, Sarah la había acompañado en los buenos y malos momentos. Aquella relación de niñas poco a poco entre risas y travesuras con el paso del tiempo se fue convirtiendo en una relación de amantes, Sarah parecía amar a esa mujer aún con su locura y arrebatos. Se convirtió en la muleta que le ayudaría a esta reina a enfrentar responsabilidades que por sí sola, no lo hubiese logrado.
Una relación clandestina que burlaba las normas de la época, se sostuvo por décadas, parecía que a ninguna le importaba el matrimonio que estaba de por medio.
Las fisuras de esta relación comienzan con la llegada de Abigail, al principio nadie sabía de sus intenciones, ni siquiera una mínima sospecha, aunque, a decir verdad, cómo sospechar o cuestionarse sobre aquella joven de rostro angelical,” tan noble”, “leal” y “atenta”.
Abigail calculó muy bien todas sus jugadas, se concentró primero en conocer el terreno para encontrar las grietas que le servirían depositar el explosivo que derribaría la fortaleza de lady Sarah y la reina.
Y es así como inicia la conquista de la monarca, no obstante, quería conquistarla, ¿por qué deseaba amarla?, ¿realmente quería compartir momentos de felicidad con ella?, ¿le interesaba su bienestar? En absoluto, lo que buscaba era la oportunidad que le devolvería el estatus que había perdido.
Abigail vio en la enfermedad de la reina el momento oportuno para ganar terreno y destacar su presencia en el palacio, por ejemplo; cuando va al bosque a preparar las plantas medicinales y luego se mete a la habitación de la reina mintiéndole al guarda, para aplicarle su receta a las piernas heridas y ensangrentadas, fue un paso arriesgado, pero apaciguar ese dolor, fue un movimiento contundente para conseguir ventaja.
A su vez, es importante notar como sus hazañas estaban al filo de un resultado ventajoso o desastroso para ella.
Posteriormente, la película va mostrando la sutileza con la que manejaba sus actos, la escena donde Lady Sarah le ordena ir a cuidar a la reina, debido a que ella estaba manejando los asuntos de la guerra, Anne se niega a ser atendida por una criada, no quiso que le hiciera compañía y se molesta, pero tenía enfrente a la esencia de la astucia, Abigail le señala los conejos, apuntado justo a la debilidad más grande de la reina Anne y logra desde ese momento su atención.
El director desarrolla muy bien los espacios de evolución de este personaje, logra que el espectador vaya observando lentamente como le va dando vuelta a la moneda, al principio la muestra como una blanca paloma, es mas, parecía que iba a ser el chivo expiatorio de esa trama, pero nada de eso ocurrió, el filme revela lo infame que podía ser para lograr sus cometidos.
Sin embargo, con su astucia logra enamorar a esta monarca que no sabía ni donde esta parada.
La reina envuelta por los encantos de Abigail, desplaza a Lady Sarah, la mujer que la amaba verdaderamente, y termina eligiendo a una farsante que tenía poco tiempo de conocer.
Sarah le había demostrado que siempre iba a estar presente cuando la necesitara, continuamente le demostró ser su única red de apoyo. Tenían una relación basada en la sinceridad y honestidad. Prueba de esto, es cuando la reina sale maquillada como un tejón y Sarah le pregunta ¿quién fue tu maquillista? Pareces un Tejón, no saldrás así a encontrarte con la delegación rusa, yo me encargo o, cuando le dice que salude a los niños (conejos), le contesta con un NO rotundo, el amor tiene límites le menciona. Otro acto de amor es cuando quema las cartas que podían lastimar a la reina.
Lacan decía que amar es dar lo que no se tiene a quien no es o, en otras palabras, en el don del amor se da algo por nada, es dar sin querer recibir nada a cambio, acaso no es lo que se expresa en la forma de amor de Sarah a Anne. En contraste a Abigail que solo buscaba aprovecharse de los recursos monárquicos.
ACTO V: ¿QUIÉN ES LA FAVORITA?

Abigail logra coronarse como la nueva favorita con marañas y patrañas. Pero, la película muestra que ese título le quedaba grande, no logró ajustarse a las existencias del puesto, no tenía conocimientos en política y manejo del estado.
No se le veía trabajando, acostada desde un sofá o emborrachándose en las fiestas, alejada del cuidado de la reina.
ACTO VI: LA PÉRDIDA
Uno de los significantes de la película parece ser el tema de las pérdidas, por un lado, tenemos el panorama de las guerras que se estaban librando en ese momento, los elementos, estrategias y movimientos ejecutados era únicamente para ganar, ¿gobernantes que no toleraban perder? Era cuestión de mantener el dominio, el poder. ¿Para demostrar qué?, la verticalidad de un sistema corrupto, donde el de arriba es el único poderoso y el de abajo el sometido. Otra escena reveladora son las carreras de los gansos, un juego de ganar o perder.
En cuanto a las protagonistas, en un primer plano se encuentra la reina Anne, imposibilitada para registrar que perdió a sus 17 hijos, se sumerge en la hostilidad de sus emociones, desborda sin saber porqué, se encapsula en una habitación rodeada de sus conejos y de su enfermedad que la desgastaba cada día más.

En el otro extremo, Abigail, incapacitada para reconocer que había perdido su estatus social y se envolvió en una trama malévola para regresar a los vestidos y fiestas elegantes, vinos finos y comida selecta.
Sin embargo, la pérdida más importante que evidencia la película es la del AMOR, en la escena final, cuando Abigail aplasta a uno de los conejos y este emite un sonido de dolor y la reina la ve desde la cama, en ese momento se da cuenta que cambió a un ser que la amaba honestamente, por otro que ni siquiera podemos cuestionar si en algún momento había experimentado esos lazos libidinales donde el narcisismo pierde protagonismo. En ese momento se levanta de su cama, furiosa, ¿con quién?, ¿con Abigail o consigo misma por lo que había hecho? Había abandonado a su gran amor, un amor que la acompañó en los momentos más vulnerables de su vida. Seguidamente con mucho enojo obliga a Abigail a que se arrodille para que le masajeé las piernas llenas de llagas, sosteniéndola fuertemente del pelo, casi aplastándola ¿repitiendo la misma escena?, ¿haciéndole pagar por lo que había hecho?, parece que sí. Justo en ese instante se enfoca el rostro de Abigail, desencajado porque sabía que había cometido un error, nada más y nada menos que atacar lo más sagrado de la reina, no eran simples conejos, para la reina eran sus hijos. Abigail en ese momento había perdido todo.