Club de Cine Psicólogos Cinéfilos, Netflix

Film Sunday’s Illness / La Enfermedad del Domingo (2018)

La película nos habla del abandono, de las cicatrices invisibles y de la renuncia: renuncia a un pasado imposible de reescribir y a la ilusión de una reconciliación plena.

Análisis de la película Sunday’s Illness», elaborado por la Psicóloga Sandy García, con aportes de los (as) integrantes del Club de Cine Psicólogos Cinéfilos

Sinopsis:

La enfermedad del domingo (2018), dirigida por Ramón Salazar, es una historia que se mueve entre el silencio y la herida. Anabel, una mujer que rehízo su vida después de abandonar a su hija, recibe de pronto la visita de Chiara, esa hija que nunca dejó de cargar con la ausencia. Treinta y cinco años después, Chiara regresa con una petición extraña: pasar diez días juntas en una casa apartada, en medio de un bosque. Durante ese tiempo, la convivencia se convierte en un espejo de lo que no pudo ser, en un territorio donde el amor, el reproche y la necesidad de reparación se enfrentan. La película nos habla del abandono, de las cicatrices invisibles y de la renuncia: renuncia a un pasado imposible de reescribir y a la ilusión de una reconciliación plena.

Acerca de la madre:

En la película se retrata a una madre que no logra asumir la maternidad de su hija mayor y la abandona. Más adelante, se casa nuevamente y tiene otra hija que, en apariencia, logra “quedarse” con ella y con su actual esposo. Sin embargo, la película muestra con claridad la distancia afectiva que existe entre esta madre y la segunda hija. Surge entonces la pregunta:

¿Qué ocurrió con esta mujer que no podía sostener su lugar de madre?

A una hija la abandona y con la otra se muestra presente, pero ¿Qué clase de presencia?, ¿Una en la que solo está el cuerpo, vacío de afecto y de vínculo?

Posteriormente, asistimos al reencuentro con su hija mayor, quien le pide pasar unos días con ella. La madre accede, aunque no con verdadero deseo, sino arrastrada por un sentimiento de culpa abrumador. En ciertos momentos incluso sospecha que su hija podría atentar contra ella. Todo lo que hace durante esa convivencia parece provenir de la necesidad de reivindicarse como madre, más que de una genuina intención de conectar con su hija.

En contraste con la hija, vemos que esta madre sí logró posicionarse en la vida como un ser deseante: deseaba algo distinto para sí misma y se fue a buscarlo; deseaba construir un escenario que le ofreciera la ilusión de completud, eso que los seres humanos creemos que nos va a llenar.

Pero surge aquí una inquietud: ¿Qué tanto deseo había en esta madre que parecía no dejar espacio para que nadie más pudiera desear?

La consecuencia para su hija mayor es devastadora: el abandono la deja “muerta en vida”, sin acceso a su propio deseo, atrapada en un vacío que la condena a la imposibilidad de vivir plenamente

Acerca de la hija

Desde el psicoanálisis la madre es una figura que da la vida y también la muerte. En la película el abandono de la madre  no solo provoca un vacío real, sino que impide que se establezca la metáfora paterna, ese corte simbólico que permite al hijo separarse del deseo materno y crear el propio. Sin esa mediación, la hija queda consumida por la relación de presencia/ausencia con la madre, convertida en apéndice de ella, en lugar de sujeto deseante.

En psicoanálisis, la renuncia equivale a la aceptación de la castración: reconocer que no se puede tener todo, que el otro —en este caso la madre— también tiene su propio deseo y puede amar a otros más que a ella.  

La neurosis implica una negación parcial de esta castración, pero mantiene la posibilidad de fantasear y desear. En la psicosis, en cambio, no hay capacidad de simbolizar la castración y lo que en la neurosis se queda en fantasía, en la psicosis se vuelve acto real. En la película, la hija no logra producir un deseo propio porque nunca pudo renunciar a ser el objeto del deseo materno.

Cuando no hay extracción del objeto a —ese resto que provoca el deseo— no se puede crear un fantasma simbólico. En la neurosis, el fantasma permite tramitar la falta, sostener el deseo a pesar del sufrimiento. En el caso que muestra la película, lo que queda es lo real sin velo: un delirio, una venganza literal en lugar de un fantasma imaginario. Por eso la protagonista oscila entre la literalidad de “mi madre me mató al abandonarme” y el deseo inconsciente de que “mi madre me mate” para cerrar la herida de forma definitiva.

Desde la filosofía, la renuncia puede pensarse como un acto de libertad y no solo de pérdida. Kierkegaard hablaba de la “renuncia infinita” como condición para una fe y un sentido más altos. Nietzsche advertía del peligro de la renuncia ascética como resentimiento, pero también la reconocía como gesto afirmativo cuando es elegida para potenciar la vida. En tradiciones orientales, renunciar significa soltar el apego y ganar ligereza. Aplicado a la película, el drama de la protagonista es que no puede transformar su renuncia en libertad: está condenada a vivir la pérdida como muerte, no como apertura.

La enfermedad del domingo pone en escena la paradoja de la renuncia. La hija necesita aceptar que el deseo de su madre no le impidió vivir su vida y que puede construir uno propio para amar y vivir bien. Pero en vez de renunciar simbólicamente, queda atrapada en el deseo materno, sin metáfora paterna, sin objeto –a- extraído, sin fantasma que medie. El resultado es la “muerte del sujeto”: la imposibilidad de existir como deseante. En términos filosóficos, es la imposibilidad de convertir la pérdida en libertad; en términos psicoanalíticos, la imposibilidad de aceptar la castración y, con ella, de fundar el propio deseo.

Imágenes tomadas de internet.

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