Club de Cine Psicólogos Cinéfilos

Film The Substance (2024)

¿Alguna vez has soñado con una mejor versión de ti mismo? Más joven, más bello, más perfecto. Una sola inyección desbloquea tu ADN, iniciando una nueva división celular, que liberará otra versión de ti mismo. Esta es la Sustancia. Tú eres la matriz. Todo viene de ti. Todo eres tú. Esta es simplemente una mejor versión de ti mismo

Análisis de la película La Sustancia”, elaborado por la Psicóloga Carolina Fonseca, con aportes de los (as) integrantes del Club de Cine Psicólogos Cinéfilos

El vocablo sustancia proviene de la palabra latina substantia, sustantivo abstracto derivado del verbo substare, que significa «estar debajo». Originalmente se usó como traducción del griego ὑπόστασις (hypóstasis), con el significado de «ser concreto» o «realidad», en contraposición con «ser imaginario» o bien «nombre». Después pasó a emplearse como traducción del término οὐσία (ousía), usado por Aristóteles para referirse al sujeto de los predicamentos en su teoría de las categorías. También se ha traducido como «entidad». Los aristotélicos latinos diferenciaban entre sustancia (lo que permanece tras el cambio) y esencia (lo que constituye al ente).

Usualmente, las chispas (referencia al apellido Sparkle) son momentáneas, las estrellas son milenarias. Hay chispas que encienden fuegos que reinan durante años, tal fue el caso de Elizabeth, la reina del show.

No es si no hasta que sus 5 décadas se cumplen que todo se va viniendo abajo. Es en el espacio masculino, un baño de hombres, en el que Elizabeth se percata (tiene acceso al saber) de que la chispa se va, que va de salida y que el fuego se apaga. Ella fue.

¡Vaya choque! Principalmente en una vida cuyo proyecto único al parecer ha sido el cuerpo y lo que se ha considerado como bello, lo que gusta a los demás ver. El choque de no ver venir lo ineludible al negar lo que no se puede negar, al no ver lo que a la vista está.

La opción es un reemplazo. Cambiar una cosa por la otra. Nadie en ese medio se muestra entrañable, ni indispensable.

El dolor de un tiempo que se va, con lo agobiante de para algunos reconocer que no se puede todo, de reconocer que hay límites (en otro lenguaje la castración simbólica), y además sin acceso a otra cosa (a la sublimación de que si bien no se puede todo hay otras opciones). No se vislumbran proyectos a futuro en la vida de Elizabeth, al parecer el conteo de series no dio espacio a ninguna pregunta a desear algo un poco más duradero, de esos deseos que no se ven y que no son tan fugaces. El amor por ejemplo, pues el aislamiento y la soledad son notorios en la vida de Elizabeth.

¿Qué quiere el público?

Pensar en qué desea la audiencia cerró la posibilidad a interrogarse y asumir qué deseaba.

El dolor de que su carne desaparezca del espectáculo y brinde entretenimiento al Otro, genere audiencia y que ese espacio no se esfume. Ella, con su abrigo encarna la yema de huevo, pues en este cine la propone como la materia prima de lo que sigue. Lo que no puede “desaparecer” pues no hay otro trascender.

Antes del dolor de desaparecer mejor desdoblarse, entregar al mundo algo cueste lo que cueste pero en físico, el costo emocional está fuera del alcance para Elizabeth.

Nadie recibe a la Suecesora quien llega al mundo por detrás. Su matriz le da la espalda. No hay brazos que reciban. Hay instrucciones que seguir, es solo sustancia concreta, debajo en lo simbólico no hay mucho.

Los ojos, lo que mira, son lo primero que vemos reproducirse. Los ojos para mirar espejos, vallas publicitarias, los ojos que se miran a sí misma, en un antes y un después físico dentro de un circuito interminable.

En este desdoblamiento, llama la atención de que no hay posibilidad de que la juventud y la vejez coexistan en escena, cuando coexisten hay mortandad. Una parte está inactiva mientras otra se activa. Una vez que se fue lo joven, lo que va quedando es desecho. El dedo que señala es lo que se pudre primero.

¿Hay posibilidad de ser mujer sexuada y activa aún en las épocas siguientes a la deficiencia del colágeno?

El contraste entre “no comas y cocina” llama la atención. Actos desde la complacencia a los demás,

¿Hacerse un lugar en el dar gustos al Otro? ¿Qué queda para ella(s)?

Sin restar posibilidades y, desde una mirada psicoanalítica, en la histeria, los sujetos intentan convertirse en aquello que el Otro desea, y si para desear hay que mostrarse en falta,

¿Qué pasó con Elizabeth que fue más un objeto que sujeto?

Ella quería ser suficientemente “amada” (desde un plano capitalista pues eso no es amor, es comercio) o importante pero se disolvió su parte de amar, esa parte que da y recibe en el plano de los mortales.

Además de estas construcciones a nivel interno,

¿Qué le pasó que se constituyó como un objeto sin amor?

¿Qué dice la película del medio en el que este primer huevo se desarrolló?

Nos muestran ese lado de aquellos hombres que tratan bien a la carne tierna para poseerla y generar capital con ella, pues lo que no es nuevo es desecho, en un dibujo de una sociedad con tintes de pederastia pues se “ama” la ternura de la carne no la del corazón (el metafórico). La posibilidad de crear, amar y mirar el mundo luego de haberlo transitado un poco que se posee desde la madurez, como no tiene forma ni foto y no es inmediato, no se aprecia. La mujer añosa es merecedora de desprecio.

¿Cómo, en ese mundo de Spark, no desear una juventud eterna para tener un lugar digno?

Desde esa lógica,

¿El amor y sus construcciones son perecederas así como la juventud?

Mientras una tarjeta de promesas e ilusiones llega en un papel limpio, nuevo y con buen diseño, una posibilidad de lo amoroso puede llegar en un papel roto que se ensucia y que se arruga. El concepto de amor en escena y el de Elizabeth es la recepción de elogios, la mejor parte de un ser humano es aquello que es nuevo y que vende, lo demás pierde valía.

¿Qué se dejan la vejez y la juventud escena a escena?

¿Qué le da una generación a otra?

Caos y desorden, excesos de un vacío imposible de llenar. Atracones de todo tipo. Escenas de crimen hasta que se da el crimen. No vemos una terceridad que impida reintegrar el producto.

Ausencia de ley simbólica: esa ley que edifica, que construye y que limita desde el amor que no es lo mismo que una fría directriz o guía del qué se puede y hasta cuando.

Sue es la demanda, una demanda excesiva, que destroza, la que no regula, la que en un inicio chupa a la generación anterior y hasta quitar la vida destroza a su precedente. Es la producción no la creación.

No hay lecturas, no hay poesía, hay carne viva. Las palabras en un solo sentido, “break a leg” implica una única acepción, el tejido significante es una dolorosa costura en la piel, o inyecciones donde nadie ve, donde no se vea.

El film escupe y representa aquello que escudriñando detrás de cámaras y de reconocimientos sociales, puede ser caldo de cultivo de aquello que asquea.  Lo que no vemos, porque hay monstruos que parecen bellos. Esta directora nos muestra en la cara y en concreto los monstruos que detrás de los filtros se esconden. No hay música, no hay metáfora, solo carne y sustancias.

La sustancia/carne desde su acepción de lo que se pudre, lo que también droga y ausenta. Porque no todo lo que brilla es oro ni tiene luz propia, hay otras sustancias que no se ven y pasan desapercibidas.

Lo no concreto y lo que no se ve puede dejar marcas que  embellecen y que le dan a otro (a?) la posibilidad de existir y seguir creando, pero eso en el mundo de los pasillos no existe.

Imágenes tomadas de internet.

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