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Film The Whale (2022)

¡Necesito saber que he hecho una cosa bien en mi vida, una cosa!

Análisis de la película  La Ballena”, elaborado por la Psicóloga Carolina Fonseca, con aportes de los (as) integrantes del Club de Cine Psicólogos Cinéfilos

Nuestro cuerpo, aquello que nos con/tiene, aquel Otro que dice sin decir, de razas, de épocas, de penas, de placeres, de excesos y de defectos. El cuerpo al que me refiero no es  únicamente el organismo tangible, si no a aquel que, a diferencia del mundo animal, se construye con significantes: surge a partir del lenguaje y no se desliga de la historia particular.

Si bien lo inefable de lo Real es expresado en distintas maneras de modo particular: unos silentes, hacia adentro, otros ruidosos hacia el afuera; algo del «decir» de Charlie empezó a manifestarse años atrás, pero ahora grita. Charlie al parecer tiene un cuerpo lleno de palabras sin digerir, la localización del goce se manifiesta enormemente en el cuerpo, en el cual,  si bien hay un resto inefable hay otra parte en que, palabra mediante, el deseo se asoma.

El cuerpo de nuestro protagonista, un cuerpo que trató de amar y que se castigó, un castigo extenso en el que en estado de grito, de autoerotismo, sentir placer lo lleva al borde de la muerte, sentir angustia y enojo lo lleva a devorar. No hay posibilidad para el vacío.

¿Cómo se constituyó ese cuerpo? ¿Cuál es su historia? ¿Cómo se vivieron las alegrías, los dolores, las angustias? ¿Qué era lo habitual y permitido?

De nuestro personaje sabemos poco, iniciemos por su nombre: Charlie: paradojicamente un diminutivo del nombre Charles, cuyo significado es de procedencia germana y significa «hombre libre«. ¿Cuánto de ser libre se perdió este hombre? ¿Cuánto terror a la vida detrás de su consumo imparable?

Atado a una casa, una nave al pairo visitada por pocos. Cuánta soledad podía soportar este personaje. Previamente ¿qué pasaba con los vínculos sociales, las amistades, la familia extensa? ¿Tenía? ¿Qué del encuentro con un nuevo amor de pareja le impidió luchar por su paternidad? Cuánta pérdida.

Ausencias que marcan pero que no se inscriben, representaciones que se diluyen en el consumo que asesina. Charlie tiene una herida, pero es interior. Es posible que sea una herida que lleve mucho tiempo consigo. Algo, incluso estando Allan en vida, se salía de control menciona el protagonista. Se presentan duplas en las que el ruido del tercero se rechazaba, relaciones en las que el alimento, lo nutricio, la función materna se hacía presente pero de modo ambivalente. ¿Nos habla esto de su relación originaria? aquella de la cual partimos y en la que sin terceridad es difícil no naufragar. En el naufragio de Charlie ni el hospital entró.

Su única visita actual era Liz, quien valoraba mayoritariamente su estado físico, no había espacio ni posibilidad psíquica de hablar, apalabrar la pérdida simbólica pues ella es otra navegante a la deriva en el mar de la soledad, del dolor y del enojo ¡No para menos! Qué dolor perder a un hermano, qué desgarramiento ir a buscar un cuerpo fallecido, suicidado de un ser amado. Charlie se presenta ante ella miserable, pobre, impedido y así establece el intercambio, sin honestidad, así la retiene, desde la lástima pero él, a diferencia de Allan, sí come. ¿Qué del duelo se intenta infructuosamente restaurar ahí? Charlie solo la nombra y la comida llega, más paradojas: una comida que mata, una enfermera sin fe (“No creo que nadie pueda salvar a nadie”).

En el naufragio aparece otro navegante, Thomas, quien ante lo insoportable huye, busca su destino, busca gestar una nueva vida para él y para otros pero bajo sus términos e interpretaciones. Irrumpe y rompe queriendo indicar una única ruta hacia el paraíso, lo que él llama paraíso, pues paraísos habrían tantos como las estrellas en el cielo oscuro y despejado en altamar. Es esta irrupción la que desemboca en otras aperturas tardías de dolores y reclamos muy complejos de circular hacia un corazón tan debilitado como para atravesar esa tempestad: Los restos de un intento de paternidad a distancia, una paternidad que pone el dinero, no el cuerpo ni el alma y se hiere y hiere. Charlie listo para partir pero con los pies rotos, entró a las corrientes del deseo lastimándose y lastimando. El amor, uno de otro tipo, se acercó pero la nave sin coordenadas encalló en culpas y soledades.

Además de la dificultad para simbolizar, de paternidades muy falentes, de idealizaciones en los vínculos, de díadas cerradas

¿Qué otras corrientes se atravesaron que imposibilitaron el encuentro con algo más vital? ¿Qué contextos rodeaban el “Oceano” a navegar? Veamos:

El profesor desde el cuadro negro de su pantalla pedía claridad, persuación. Que les alumnes fueran más allá de lo medido sin haber podido atravesar él esta corriente. Lleno de libros, de poesía, de clásicos, de escrituras antiguas, Charlie se relacionaba con las oraciones desde una métrica establecida, pero ¿Las desafiaba realmente? O ¿Era solo un requisito impuesto desde lo correcto?

En la multitud de libros que habitaban con Charlie destacaba uno rojo (no por nada, el color de la pasión), el libro de Allan que determina el bien y el mal, el premio y el castigo. Un libro que lejos de ser cuestionado ha sido resaltado y el disfrute coartado.

Nuestro protagonista, a pesar de su conocimiento parece que no logró acceder a los mares del saber, el saber propio, el saber de él, de su goce y de su propia palabra; porque así como en escenarios ideales el cuerpo no es solamente órgano, las palabras no son únicamente signos. Él no es una ballena, aunque con su cuerpo quisiera librarse del sentir.

Hablarle a otro, brindarle su contenido afectivo no se pesca sencillamente, se construye con otros y en este aspecto la película nos muestra contrastes tan fuertes como Charlie y su hija, (una peli roja) en una dicotomía de cómo mostrar enojo sin dañarse ni dañar. Nuevamente aparece ese rojo que no se pudo integrar, con el que no se pudo maniobrar algo del dolor de existir y de no ser perfecto. Por un lado, un enojo con todos los filtros de la bondad y lo “positivo” y por el otro, uno despiadado que lo muestra todo con tal de que el dolor no se muestre cual lucha entre la ballena y Ahab en el libro de Melville.

Tres mujeres, ¿El pasado, el presente y el futuro? Amores que matan. Charlie se da a cada una en especie, con carne y con dinero. Tres maneras de presentar los intercambios que el personaje sostiene en su aislamiento sin pregunta alguna. Tres maneras de presentar un acercamiento que desequilibra y que muestra el camino al desastre.

¿Qué de su antecedente se expone en estas relaciones? ¿Denuncia lo normalizado en las relaciones de hombres y mujeres, de padres, madres e hijos ante lo que Charlie se ha quedado impotente?  

El maltratado corazón de Charlie avistaba el mundo exterior desde otra pantalla, esta vez como expectador, vislumbrando la lucha de hombres dispuestos a establecer cómo ser, lo que la sociedad mayoritariamente alaba, lo que libera o regula y lo que censura…o no… Lo que se acepta. Ese contenido sociopolítico que indica y modela lo que de un ser pide el mundo ¿Qué padres/aspirantes a los puestos decisivos se exponen en la tv del film? Auténticos ejemplares de la diplomacía y de la explosión: lo que se tapa para decir y lo que se dice sin filtro. ¿Qué es un hombre? ¿Cómo serlo? ¿Cómo ser padre, homosexual, profesor y cocinero en este escenario? ¿Cómo un hombre apalabra el enojo, cómo se defiende de la violencia sin ser violento? ¿Cómo poner y ponerse límites? ¿Cómo ser un padre que camina hacia donde está su hija y no solamente un mercante del amor? ¿Cómo, sin un afuera que contenga y sea sensible, se simbolizan las pérdidas, las culpas?

Hablo de lo constitutivo, del narcisismo, de los primeros intercambios y también de lo que a partir de ahí soporta un cuerpo, un cuerpo que se forma además con el alimento de lo exterior. Un exterior que es testigo y muchas veces cómplice de los consumos excesivos, nocivos e incuestionados (alcohol, pastillas, pantallas, doctrinas) y de formas añejas de ejercer la función materna y la función paterna heredadas estas de generaciones pasadas, sin espacio para la apropiación y la creación. La imitación se hace desde los imperativos, pero la construcción se hace cuestionándolos, haciéndolos propios y no tirando lo que hay hasta destruirlo todo. Para desgracia de nuestra historia el latir no dio para más.

En la época del movimiento de lo real a lo virtual, lo que el cuerpo expone puede ser borrado (no barrado) por un encuentro sin video, por un cuadro en negro o por filtros que eliminen cualquier castración. Los consumos dibujan los goces de cada quien, las relaciones con el deseo, con la ley y, a partir de ahí las aperturas para cuestionar ciertos “ordenes” para que se pueda atravesar el mar de la creación.

La soledad tan presente, las depresiones a la orden del día, la muestra de la película son el oleaje de “una vida” para ver, una ballena que se exhibe e impresiona, pero esta sí siente. No somos animales que nos conformamos con un simple plato de comida, queremos amor.

¿Hay en la maquinaria de lunes a viernes posibilidad de comun-idad, comun-icarse?  O solo somos sujetos con arpones ante ballenas que naufragan y en-callan entre semana donde no hay posibilidad una escucha compasiva que permita que algo de la reflexión de paso a resucitar en paraísos distintos.

Trailer:

Imágenes tomadas de internet.

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