Ciclo Películas Nominadas 2018, Cine, Club de Cine CEAP

Film En La Sombra / In The Fade

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“La estupidez del odio.”

Ensayo de la película: “En la Sombra”, elaborado por Shirley Romerocon aportes de los integrantes del CLUB DE CINE del C.E.A.P

Podría referirme a esta película como una obra en 3 actos dirigida por un alemán de origen turco. En la primera parte se presenta el atentado, seguido por todo el desarrollo del juicio, para concluir con la venganza, pero en realidad todo se trata de dolor y pérdida y nos va llevando por el difícil camino del duelo, que es tan personal como seres humanos hay en el mundo.

¿Han pensado en cuántas películas sobre la muerte existen? 

Tantas… tantas como historias de amor, porque vida y muerte son una, no existe la una sin la otra. 

“Es tan simple y no se puede explicar. Es tan común que la gente muera, no hay mirada que pueda penetrar. En el milagro de la existencia. Tan aterrador, que te hace callar, tan conmovedor, que te hace llorar.” Canción de Gustavo Cordera: Acerca de la muerte. 

Pero esta no es una película cualquiera sobre la muerte y el duelo.  Inicia con la historia de un ex convicto turco llamado Nuri que paga con cárcel su delito por drogas, que celebra su matrimonio estando en la cárcel porque se enamora de una chica alemana llamada Katya, que muy pronto se convertiría en la mujer vacía de los ojos tristes…

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Katya y Nuri nos demuestran que es posible reconstruir una vida en familia después de la cárcel, son padres amorosos  y disfrutan de su adorable hijo Rocco, mientras viven en la cotidianidad, disfrutando de videos familiares o de la simpleza de armar un carrito de control remoto. Hasta que esa dicha les es arrebatada con un hecho devastador.

Ese día, Katya, de Profesión: Madre, sin saberlo, vive su último día de felicidad con su embarazada hermana, mientras celebraban la maternidad, ¡celebraban la vida! 

Estando Rocco en la oficina de su padre ocurre un atentado terrorista y una bomba los mata brutalmente convirtiéndolos en partes y no en personas, creando en Katya no sólo la pesadilla de una doble pérdida, sino en una madre invadida y atormentada por la culpabilidad de haber dejado a su hijo en el trabajo de Nuri ese preciso día….

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Atacada por su propia familia, que, en lugar de apoyarla, la llenan de reproches y más culpa, como si ya no tuviera suficiente.

Unos padres, propios y de Nuri, incapaces de darle amor cuando más lo necesitaba, porque ellos tampoco pueden afrontar su propia pérdida. 

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Katya inicia su proceso teniendo que aceptar la muerte de Nuri y Rocco, una triste realidad, tan fría y lúgubre como la lluvia perenne, a veces en shock por su partida tan inesperada, como cuando su mirada está perdida y vacía, y otras veces en negación, queriendo olvidar lo que está sucediendo, refugiándose en las drogas para calmar su dolor, aunque tenga que estar hablando con el Inspector, eligiendo un ataúd, o peleando con su suegra porque: “Quieren quitarle de nuevo a su esposo y a su hijo para llevárselos a Turquía”. 

Todos culpabilizan a su esposo. La policía asume que Nuri aún estaba en contacto con el mundo criminal, y que aquello fue una venganza.  La madre de Katya le dice que “Él estaba enredado…que tal vez le estaba ocultando algo”.  Nuri resulta culpable hasta de que ella esté consumiendo drogas para adormecer su dolor. Ella misma empieza a dudar de su esposo; sólo que él no se puede defender…se ha convertido en un machón de sangre en la pared de una oficina destruida, una pared con la que ella trata de hablar para que le cuente cuánto sufrimiento y dolor experimentaron antes de morir. 

Katya presiente que a Nuri lo mataron por ser turco, ella sospecha de los nazis.  Sus ojos tristes vieron a la mujer que cambia su vida para siempre, la retratan. Tan fresco como el dolor, está el recuerdo de aquella mujer, recuerdo que guía a la policía hacia los asesinos. 

La marihuana, la cocaína y el opio pueden hacerla olvidar, pero el vacío en la casa y aquel Inspector traen a Nuri y a Rocco diariamente para que ella recuerde que nunca más los volverá a ver, que se los han arrebatado cruelmente. 

Continúa el proceso de duelo ante la pérdida, un proceso que se va tiñendo en la lucha por la justicia. Porque la vida recobra un sentido diferente cuando llega la justicia tan buscada, el juez entiende su dolor, su indignación, pero la Corte “sólo trata hechos”.  

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Con la justicia, si bien es cierto que no recuperará a  su familia, se logra la reparación de una manera simbólica, haciendo prevalecer el estado de derecho y castigando a los culpables, pero cuando prevalece la impunidad, el duelo se hace más pesado por el sentimiento de frustración e impotencia para Katya, víctima de una organización criminal que tuerce los caminos de la justicia y lejos de culpar a los asesinos, la desdibuja para denigrarla e invalidar su testimonio, para presentarla como una figura frágil,  presa de la adicción, y por lo tanto incapaz de un reconocimiento veraz de la mano criminal. 

La defensa hace ver a Nuri como si no hubiera pagado ya su delito con cuatro años en prisión, aquella prisión que fue testigo de su amor, pero estar muerto lo lleva de nuevo a juicio y él no se puede defender, él es la víctima. 

Katya continua su duelo sobreviviendo, siendo victimizada una y otra vez. No fue suficientemente doloroso escuchar a aquel padre delatando a su hijo racista, agresor y perverso, aquel que entregó a la policía para evitar lo inevitable, un crimen que ya había cometido. 

No fue suficientemente doloroso escuchar a un abogado cómplice de la maldad, desprestigiarla hábilmente, no fue suficientemente doloroso escuchar al forense lo que provocó el artefacto explosivo hasta convertir a su esposo y a su hijo en partes de cuerpo, en una mancha en la pared. 

Lo que si fue suficiente fue escuchar el veredicto final del juez y dictar la absolución de los asesinos, una absolución que no se basó en la creencia de la corte de que los acusados fueran inocentes, sino en que la evidencia presentada dejaba dudas razonables sobre su culpabilidad.  

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Esto si fue suficiente para sumergirse más profundamente en la depresión, hasta hundirse en su propia sangre para quitarse la vida, para acallar su dolor, para acabar con el sufrimiento de la mujer vacía de los ojos tristes. Ante su incapacidad de elaborar el duelo, decide escapar y suicidarse.

Solamente algo más poderoso que ese deseo de morir pudo sacarla de ese profundo pozo de sangre y dolor, y fue la posibilidad de la venganza. Una venganza que se cocinó con la misma receta, con los mismos clavos, con el mismo odio. Fue así como decidió ir tras los asesinos neonazis que se fueron de vacaciones a Grecia patrocinadas por el Gobierno y por una organización racista, cobarde y malévola. 

Sólo la idea de perseguir a los asesinos la hizo libre, libre para hacer justicia con sus propias manos. Una mujer vacía de ojos tristes que encontró un propósito para su vida: la muerte.  Irse a la tumba con y por su esposo y su hijo. 

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Con Katya vemos todas las etapas del duelo, según E. Kubler Ross, empezando con la negación.  Katya durmiendo, consumiendo drogas, llorando la pérdida y llena de miedos, pero también con ira, cólera con su familia porque no la comprenden, manda a la mierda a su madre, su madre le reclama, nunca aceptó a su esposo, más frustración. Indignación con la policía que sospecha de su esposo y resentimiento con ella misma, y con todo a su alrededor. ¿Cuál es el significado de la sangre en ella? Pierde su “periodo”, se “paraliza” su vida, se paralizan sus ciclos. 

Todo se paraliza en su organismo con el duelo. ¿Porqué de pronto vuelve a terminar su tatuaje? ¿Quiere más dolor? El tatuaje del samurái está a medio hacer, ¿será que ya ella decidió terminar lo que la Ley no pudo hacer? ¿Refleja ese tatuaje el espíritu guerrero y su código de honor? Ya dejó de llorar, tiene rabia. Esa misma rabia que hizo que durante el juicio quisiera enfrentarse a golpes con los asesinos. Sufre incertidumbre y desconsuelo. Ella ha perdido a su hijo y tiene que recibir a su querida hermana con su bebé. ¿Cómo soportar tanto dolor?

Su depresión llega al punto máximo después del juicio. Está triste, siente frustración. Ella al final está dispuesta a lo que sea, ya ella sabía su plan y que iba a morir, por eso actúa en forma temeraria. Mujer suicida, autodestructiva. 

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Se pasa buscando el peligro. Ella quiso sufrir lo mismo que sufrió su hijo, primero los grises y luego los colores para “encontrar la paz” y acallar su dolor, no pudo superar el duelo, su solución es la muerte, nunca llega a la aceptación. 

Para Katya es imposible continuar viviendo. Según William Worden, si se han elaborado todas las fases del proceso la persona será capaz de recolocar emocionalmente al ser querido. Katya no lo logró. 

“Nunca podemos eliminar a aquellos que han estado cerca de nosotros de nuestra propia historia, excepto mediante actos psíquicos que hieren nuestra propia identidad” (Volkan, 1985).

Paralelo al proceso de duelo de Katya, la película nos refleja una conducta humana vigente aún que debería generar un duelo en la sociedad y es El Racismo: “sentimiento o comportamiento que consiste en la exacerbación del sentido racial de un grupo étnico. Esta situación suele manifestarse como el menosprecio hacia otro grupo y supone una forma de discriminación”, está basado en la creencia de una raza superior y esto es inaceptable para nuestra humanidad. Los turcos son el segundo grupo más grande de inmigrantes en Alemania, sumando ya dos millones de habitantes y esto les costó la vida a Nuri y a Rocco en la película. “La estupidez del odio.”

El exterminio de los grupos atacados y el menosprecio a sus derechos fundamentales son consecuencias del racismo, la xenofobia y la homofobia, convirtiéndose en una vergüenza para el mundo.

Es más duro pensar en el sufrimiento de Katya, si reflexionamos sobre esta tragedia humana, sabiendo que en el mundo existen cientos de miles de casos como Katyas, Nuris y Roccos.  “Nuri era un buen hombre, padre y esposo, Rocco un niño inocente, Katya una mujer feliz, esposa y madre”.  

Esto lo ha sufrido desde el siglo pasado la raza negra en manos de los blancos, los mexicanos en Estados Unidos, la población LGBT en el mundo, los indígenas, las personas con discapacidad, los africanos en Europa, los de la India en Arabia Saudita, los musulmanes y los judíos a causa de su religión… y sin ir muy largo los nicaragüenses en Costa Rica.  75 personas mueren al día en ataques terroristas, casi 28.000 al año. Cada año se suicida casi un millón de personas en todo el mundo, cada 40 segundos alguien se quita la vida. Es bueno que meditemos y pensemos en aquellas conductas discriminatorias que debemos erradicar que van mermando a un ser humano.  Empecemos por nosotros, que DE LA NADA se convierta en ALGO positivo para nuestra vida…

 

 

 

 

 

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